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Descubre nuestras colecciones · La podadera

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La podadera

 

Podadera fabricada en hierro, a la que falta el mango de madera, pero se ha conservado el clavo que lo sujetaría a la hoja.

Tumba nº 209, nº de inventario 1915

Dimensiones: longitud máxima 15 cm.

Los iberos acostumbraron a enterrar a los difuntos con algunas de sus pertenencias, junto a ofrendas realizadas por parientes y allegados, que es lo que denominamos “ajuar funerario”. Gracias a este hábito, podemos descubrir entre otras muchas cosas, que oficio tuvieron en vida algunos de los personajes descubiertos en la necrópolis del Cigarralejo.

En esta ocasión, dado el volumen de útiles empleados en las labores agrícolas como hoces de distintos tamaños, la reja de un arado o, la podadera que nos ocupa, que aparecieron junto a armas, objetos personales y de adorno de un hombre que murió a principios del s. IV a. C., deducimos que el oficio que desempeñó en vida fue el de la agricultura. No obstante, en momentos de inestabilidad, sin duda alguna empuñaría un armamento imprescindible para poder luchar. De ahí que su descubridor, el arqueólogo D. Emeterio Cuadrado Díaz la denominará “la tumba del agricultor”.

El objeto de la imagen es una podadera de hierro, fabricada en una pieza. Desgraciadamente el mango de madera que le permitiría a su propietario, asirla con comodidad, no se ha conservado, dado que la madera es un material perecedero. Esta herramienta de hoja pesada tiene la función de segar o cortar las fibras vegetales, mediante golpes. Como precursor tendríamos las hoces dentadas de sílex del Neolítico y desde la Edad del Bronce, se ve un proceso de especialización de este tipo de herramienta que culmina a mediados del primer milenio y que, pervive incluso hasta nuestros días.

La importancia de los cultivos básicos en el Mediterráneo en especial la vid o los cereales como el trigo y la cebada, dan lugar a los dos modelos de podadera o falx que han permanecido invariables durante milenios, dada su acertada forma que sirve para golpear, cortar, rascar o incidir sobre la planta y permite, en consecuencia, la realización de otras tareas para el mantenimiento de la actividad.